El mueble antiguo constituye un capítulo importante en la historia del arte; en el quedan reflejadas las técnicas, los materiales e incluso el gusto que impera en cada época de nuestra historia, siendo pues una fuente primordial para el estudio de las artes. Posee, a diferencia de otros objetos artísticos y entre otras características, dos fundamentales: la funcional y la estética.
El mueble antiguo tiene un componente estético muy peculiar que a lo largo de su evolución histórica ha corrido paralelo al del resto de las disciplinas artísticas. A pesar de ello, posee su propia división en estilos, que en algunas ocasiones toma el nombre del monarca reinante o el de su creador, en el caso de los artistas más conocidos.
Las técnicas artísticas y decorativas también forman parte de esta obra, ya que confieren originalidad a los muebles como objetos de arte únicos. Es por ello capítulo que merecen una entrada aparte, para comprender su evolución y ejecución.
El camino que un mueble recorre a lo largo de las diferentes épocas puede mermar sus rasgos distintivos a causa de una mala conservación. Para que esto no ocurra, es preciso seguir unas pautas que eviten una posterior restauración. La restauración ha de ser siempre lo más científica posible para no caer en el grave error de dañar la identidad del mueble y eliminar su carácter antiguo para dejarlo como un simple objeto más.
A continuación hablamos de los puntos más significativos a tener en cuenta para mejorar la conservación de cualquier mueble:
El ambiente es un elemento determinante a la hora de asegurar el buen estado de conservación de una pieza. Una atmósfera libre de elementos contaminantes gaseosos (presente en el aire bajas cantidades normalmente) y sólidos ( como el polvo) facilita la preservación del mueble, que mantendrá así su apariencia y su composición original.
Siempre que sea posible, la luz y el calor no deben incidir de forma directa sobre los muebles, puesto que la madera, por su composición, reacciona sensiblemente ante los mismos.
Si un objeto está ubicado frente a un ventanal sin cortinas u otro tipo de filtración de la luz solar directa, se corre el riesgo de que la madera acabe perdiendo color con el paso del tiempo, agrietándose e incluso, y principalmente en el caso de las piezas chapadas, alabeándose (debido a los movimientos de contracción-dilatación provocados por los cambios bruscos de temperatura).
Por lo general, se aconseja mantener una temperatura constante de entre 18 °c y 20 °c en aquellas habitaciones donde se encuentren piezas realizadas con un material de riesgo, como es el caso de la madera para impedir que el mueble se decolore o se agriete con el tiempo.
En relación a la humedad (factor muy relacionado con los dos anteriores), hay que tener en cuenta que tanto un exceso como un defecto pueden resultar igualmente perjudiciales para una pieza realizada en madera, puesto que un alto grado de humedad favorece la proliferación de microorganismos y pequeños insectos, mientras que su ausencia lleva implícita la aparición de grietas y roturas en el mueble.
Para evitar este problema, existe la posibilidad de mantener una humedad homogénea todo el año mediante el uso de humidificadores, de venta en el mercado (es posible incluso adquirir aparatos termohigrómetros, que controlan la temperatura y la humedad de una sala de forma conjunta), el grado de humedad relativa adecuada para la madera debe oscilar entre un 45% y un 55% en función de los 20ºc.
Una utilización adecuada de los muebles facilitará también que se mantengan en buen estado por un periodo más largo de tiempo. No se trata de guardar las piezas en vitrinas o alejadas de cualquier contacto humano, se trata de que sea posible hacer uso de aquello para lo que fueron destinadas en un principio pero de una manera razonable para que se deterioren lo menos posible.
Habrá que tener cuidado, por ejemplo, con los objetos que se apoyen sobre la superficie de mesas y aparadores, teniendo en cuenta además que la madera es un material con capacidad para absorber líquidos, por lo que pueden quedar marcados cercos de agua, leche, aceite e incluso tinta en la parte superior de un mueble. por otro lado, este material puede sufrir fácilmente arañazos y pequeños desprendimientos, por eso, en caso de duda, es preferible colocar algún elemento que cubra la superficie.
Para el traslado del mobiliario es recomendable coger el mueble entre dos personas y no moverlo de forma brusca son algunas de las normas básicas que se deben seguir siempre para que la pieza no sufra ningún daño en los traslados.
Si se decide embalar el mueble, lo más recomendable es utilizar contenedores sin clavos.